Es una noche fría, llueve mucho y los truenos me explotan los oídos, y para terminar tengo una muela floja. Me llamo Sergio tengo 6 años, y tengo mucho susto. Nunca había tronado así, pero en esta casa tan misteriosa ya me estoy acostumbrando al miedo constante. Mis padres duermen, el perro también, soy el único despierto y que no puedo dormir por la simple razón de que me tiemblan los pies (del susto claro). Cada vez que empiezo a caer debido al sueño y al aburrimiento de esperar cuando me dormiré, me empieza a dolor la muela. ¡Que noche!
Estaba a punto de dormirme, cuando ¡Pum! La mesa sonó tan fuerte que me hiso saltar. El dolor era incontenible, y sangre empezó a caer de mi boca. Del salto mi muela adolorida había volado por toda la habitación. Corrí hacia el baño, me limpié. Pero el miedo era más fuerte que nunca, ¿de donde había provenido ese fuerte ruido? ¿Dónde estaría mi muela para ponerla debajo de la almohada? Prendí todas las luces, y luego salió Trosky corriendo. Mi primera pregunta ya tenia respuesta, pobre perro hasta más asustado que yo estaría.
La búsqueda de mi muela, había hecho que el miedo desapareciera. Estaba tan concentrado en encontrarlo para que el ratoncito me diera el dinero suficiente para dulces, que no me di cuenta que ya había amanecido. Todo el desespero por dormirme, el miedo, el golpe y la búsqueda de mi muela, habían logrado que pasara toda la noche despierto por primera vez.
¡Lo encontré! No entiendo como llegó a ubicarse debajo de mi cama, demás que había sido el perro, o el ladrón de muelas para que el ratoncito no me recompensara. Era demasiado tarde, ya el ratoncito había terminado su trabajo por esa noche, tendría que esperar. Pero no quise, supongo que ¿si pongo la muela debajo del cojín de la sala sería lo mismo, ya que son lo mismo, no?
Pues no, en la noche no había aparecido ningún dulce, que decepción. Me engañaron, porque ya el diente no estaba ahí, perdí mi diente y los dulces. Supongo que fue el perro o el ladrón lo había encontrado. Me eché a llorar, no me quedaba otra, era injusto lo sucedido. Fue una lección, perdí mi tiempo, me asusté mucho, fue un día horrible desde cualquier punto de vista. Me quede llorando solo ya que mis padres salieron a llevar a Trosky al veterinario, alcancé a escuchar que se le estaban cayendo los dientes. Pobre perro y pobre yo, que noche y día tuvimos. Esos dientes como que no son buena onda.
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